
bienvenidos
A veces escritora y creadora de contenidos. siempre viajera enloquecida
Definitivamente editora y fotógrafa entusiasta, pésima videoasta, semi artista y criticona
Definitivamente editora y fotógrafa entusiasta, pésima videoasta, semi artista y criticona
Rita Macedo, estrella fugaz durante la Época de Oro del cine mexicano; madre impaciente de Luis de Llano, Julissa y Cecilia Fuentes. Amante del amor y por conveniencia. Primera esposa de un joven, Carlos Fuentes, travieso y mujeriego. Mujer de sentimientos a flor de piel que quiso dejarnos sus recuerdos y vivencias desde un ojo pícaro y autocrítico, crudo y realista.
La mañana del 6 de diciembre de 1993, Rita Macedo visitó a su hijo Luis de Llano en su oficina, le dijo que estaba ahí para despedirse. Horas más tarde, se quitó la vida.
De venta en Editorial Trilce, Amazon México, Sanborns, Porrúa, Librerías Gandhi, Librería El Día, El Sótano, Profética, y en muchas otras librerías de México.
En venta. TATUADA. Tinta china
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En venta. ZIPPER Tinta china y acrílico
ITINERARIO
ITINERARIO
Fui la primera hija del escritor Carlos Fuentes, y la última de la actriz Rita Macedo. Agradezco haber sido hija única. Sí... todo para mí. Nací en el mes de agosto de 1962; Leo y Tigre, justifican mi mal genio. Cuando papá escuchó mi primer llanto, decidió nombrarme Cecilia, como la san ta de la música (creo andaba medio sordo ese día). Si hubiera sido hombre quién sabe cómo me llamaría, con eso de que papá tenía una gran debilidad por los nombres rusos. buscando la manera de contar historias únicas.
Por temporadas, papá y mamá me dejaban a cargo con los abuelos embajadores. Luego pasaban por mí y nos íbamos a vivir a París o Roma, a Saint Tropez o Venecia, o a Londres. Hasta mis 7 años volví con mamá a México donde ingresé (cual presa) al Liceo Franco Mexicano. Ahí pasé 11 tortuosos años. Por suerte pateé al director, me echaron y corrí a terminar la prepa en el lindo pueblito de Prin ceton, donde papá era profesor universitario. ¡El mejor año de mi vida!
Encantada con la educación americana, probé suerte en el California College of Arts and Crafts donde estudié fotografía y dibujo. Luego en el Emerson College de Boston, hasta que regresé a México y comencé a trabajar en Televisa con la adorada Patricia Lozano; más adelante en las producciones de mi hermano Luis de Llano, y con la mejor jefa que se podía tener, Silvia Pinal, quien siempre tenía a su gente muy feliz con una botella de tequila en la mano. Pasé por todos los puestos de producción: mensajera, asistente, continuista, utilera; programadora, mecanógrafa, asistente de dirección de cámaras y editora (mi gran pasión). También trabajé en teatro junto a mi hermana Julissa. De repente, necesité unas vacaciones. Agarré maletas, a la novia en turno y me mudé a Nueva York con 500 dólares en la bolsa. Para ahorrarle dinero a papá, tiré mi carta de aceptación a NYU y me inscribí en el NY Institute of Technology. Me gradué con todos los honores y obtuve mi BFA. Atraída por la reciente aparición de la PC, ingresé al New School for Social Research y cursé un diplomado en sistemas de microcomputación, ¡amé NY!
Por dos años sobreviví con mobiliario abandonado en las calles y completaba mis gastos vendiendo libros usados y haciendo exá menes ajenos. Mario Moya Palencia me ayudó mucho, inventó un puesto de recepcionista en la Misión de México ante Naciones Unidas para que me entrara una lanita más. De regreso en México comencé a trabajar en el Conaculta, ayudada por Víctor Flores Olea. Me llamaban "asesora". Entrenaba a todos en el uso de la PC. El peor alumno era Rafael Tovar y de Teresa. Lo trataba medio feí to y, cuando él tomó mando de la oficina, fui a dar al sótano en calidad de caja archivada. Me salvó el que papá me pagara por que transcri biera sus novelas. En cuanto pude, regresé a Televisa. Como coordinadora de producción; alternaba entre las telenovelas de mi hermano y las de Giselle González. Cuando Televisa cambió le dieron cuello a mi hermano, y de paso a mí. Qué triste fue despedirme de esos pasillos donde jugaba desde niña y donde dejé el alma por 40 años. Por un rato me dediqué a lo que más me gusta: dibujar, y así armé mi marca Dryink, imprimía mis diseños en libretas, mochilas, cojines..., pero salía tan caro mantener el changarro que de plano lo clausuré y me dediqué a luchar por la publicación de mi libro Mujer en papel. Ojalá ahora pueda volver a producir mis dibujos, a seguir escribiendo y a viajar (otra de mis gran des pasiones). Creo es el momento.
Cecilia Fuentes